jueves, 17 de diciembre de 2009

DICIEMBRE (2005)


Alguien dijo:
Falto de ardor, no hay parte para el universo.
Exento de aspiración, no viviríamos acá dialogando de estas esencias.

Cabe preguntarse en esta oportunidad, qué es lo que buscamos en un otro, en un amor, o en algo así. Cabe preguntarse si no será que se busca trascender a través del otro dado que la resignación ante la idea de transformarse en la anécdota del otro es inadmisible, es inconcebible. Y es así que no se admite abandonar ni ser abandonado. Cuando, ante el abandono, no encontramos tiempo para llorar, demostramos la madurez que se espera del adulto. Y aún engañándonos con todo éxito, interiormente sabemos que eso es sólo templanza. Nada más que templanza. Y si los sentidos -vista, oído, tacto, gusto, olfato- aparentan haber desaparecido, es simplemente, domesticación. Resultado de un largo proceso de aprendizaje en la conformidad. Y nuestra materia, receptáculo de las pasiones, va perdiendo sus características primarias a medida que se ajusta a la forma en que la conformidad se manifiesta: conforme a, con forma de. Por esto, algunas personas -que otrora tuvieron activo el corazón- dejaron de creer que la vida no es más que un juego de deseos y pasiones. Sin pasión, no hay lugar para la creación. Sin deseo, no estaríamos todos aquí hablando de estas cosas.
Laura Ferraris 08/06/05

DICIEMBRE: una obra que por supuesto, sucede en Octubre...


Muchas veces, cuando nos expresamos verbalmente, no decimos nada. Tengo la sensación que por momentos lo que hacemos es llenar espacios para no darle lugar al silencio (al cual no estamos acostumbrados a sacarle provecho.) Por ejemplo: a veces hacemos una pregunta o un comentario, sin tener en realidad la intención de obtener una respuesta u otro comentario que nos proporcione información importante. Por eso, en “Diciembre” se ponen “en texto” algunas funciones metapragmáticas del discurso sin expresarlas verbalmente; porque me pregunto: ¿qué sucedería si tan sólo llenáramos el espacio de la conversación con una proposición tal como “RESPUESTA” en vez de dar una respuesta? Sumado a esto, si pensamos en las conversaciones que sostenemos con una persona -en las que lo que está en juego la mayoría de las veces es tan sólo la satisfacción de alguna necesidad propia y no del otro-, ¿qué clase de diálogos sostenemos? ¿Acaso hablamos para decirnos algo? Desde el punto de vista teatral, la idea detrás del juego lingüístico, es proponer un desafío al actor de tener que enunciar un texto de las características a que hago referencia más arriba. Corporalmente, se pretende investigar cómo el actor acompañará esas cosas no dichas.