sábado, 23 de noviembre de 2002

MALAMADRE (2002) Nace el Grupo Torre

“Malamadre” 
La Fábula: ayer y hoy

Las ocho primeras palabras del texto de “Malamadre” reflejan el estado en el que me encontraba la noche anterior al segundo encuentro del novísimo Grupo Torre: “Tengo que contar esta historia en pocas palabras.” La situación era bastante desesperante. La convocatoria a formar parte de un grupo de teatro plurilingüe había sido todo un éxito, y veinticinco alumnos de los distintos profesorados de la Facultad esperaban que llevara al menos una idea de lo que iba a ser la puesta en escena anunciada en la primera reunión. Debíamos contar una historia, y tenía que ser en pocas palabras puesto que no disponíamos de mucho tiempo para los ensayos.
Lo primero que hice fue examinar el número de integrantes del grupo y los idiomas extranjeros que cada uno hablaba. Luego conté cuántos días había antes de la fecha de estreno. Después me puse a pensar en la historia. Descarté la posibilidad de algo demasiado realista, o de algo que se parezca demasiado a una primera lección de un libro de texto para la enseñanza de una lengua extranjera. Recordé mi objetivo respecto del teatro en lengua extranjera: la lengua es el código en que se transmite la palabra, pero lo primero es lo teatral.


Esta idea me resultó atractiva. Se parecía mucho a mi país, a mi gente, a mi propia historia. En los últimos quince años me ha tocado despedir familiares y amigos que literalmente huían de la Argentina por la situación económica. Haciendo un ejercicio de memoria, recordé gente de la generación anterior que debió huir a causa de la dictadura militar. Llegué a mis bisabuelos que habían abandonado sus países de origen por causas similares. Contando la historia de hoy, podía hacer un barrido histórico de más de cien años. Entonces puse las palabras de hoy con ropa de más de cincuenta años y logré la fábula: Malamadre.


El título se lo debo a una emigrante, Graciela. Ella dejó la Argentina por un tiempo para vivir en Chile. En su estadía en aquel país tuvo la oportunidad de aprender el español que se habla allá. El título de la obra podría haber sido “Lazo de Amor” que es el nombre de una planta muy común en nuestros jardines. Esta planta, en Chile, recibe el nombre de “malamadre”, Se la llama así porque ella “bota” (tira, arroja) a sus hijos. Ese nombre me pareció mucho más dramático y más cercano a la temática de la obra. Cuando los brotes, que están unidos a la planta madre por un lazo, ya están grandes y fuertes para echar raíz, éste se corta y nace una nueva planta en otra tierra.


Nuestra “Malamadre” es una presencia, una amenaza constante, que está pendiente de sus hijos para alejarlos de ella una vez que ya han crecido y pueden tener sus propios hijos. Los deja sin plato, sin vestido y sin nombre y entonces se ven obligados a abandonarla.


Los textos no son más que una síntesis de conversaciones que escucho desde hace muchos años en mesa de amigos, en el café, en el ómnibus. Por diferentes motivos, quienes nunca hemos emigrado, nos convertimos en testigos mudos de un flujo constante de personas que van y eventualmente vuelven y no nos imaginamos cómo sería nuestra realidad si ellos nunca se hubieran ido.


La obra no hace juicio de valor sobre las alternativas de irse o quedarse, más bien intenta reflejar lo que vemos día a día a nuestro alrededor. La incertidumbre, la motivación, el miedo, lo que se lleva y lo que se deja ante la perspectiva del viaje, es de lo que se habla.


“Malamadre”, solucionó el problema de cómo hacer que el uso de las distintas lenguas en una misma obra tenga sentido. Es decir, la obra debía tener una historia o historias que justificaran que los personajes hablaran en las distintas lenguas. La siguiente decisión fue que no iba a haber personajes sino seres humanos que se expresaran en diferentes lenguas ante un mismo conflicto: la emigración. Consideré que el conflicto humano de la emigración hacía que la palabra en todos los idiomas se muestre necesaria. Con esto en mente, sacrifiqué personajes y puse a las lenguas como único protagonista. Los actores debieron sacrificar lo más sagrado para un actor: jugar un rol que tenga nombre e historia.